viernes, 27 de mayo de 2016

Solo una firma

Cali, 27 de mayo de 2016



La crisis de medicinas en Venezuela ha escalado de manera vertiginosa en los últimos meses. Desde el 2015 se han hecho denuncias importantes de muertes de neonatos en centros hospitalarios, lo cual ha ido escalando hasta ahora . Todo esto porque en estos servicios de salud, tanto públicos como privados, no hay los insumos requeridos para atender las necesidades de los pacientes. Ya desde hace más de un año se han realizado denuncias acerca del deterioro progresivo del hospital de niños más importante del país: J.M de los Ríos. Desde Cecodap se interpuso una demanda, a principios del año en curso, para solicitar Medidas de Preventivas Anticipadas de Protección para los niños, niñas y adolescentes, en cuanto al tema de la escacez de medicinas. El Tribunal negó la medida y la apelación por considerarla fuera de lugar y sin pruebas. 

Pero la realidad se impone, muchas veces de formas dolorosas. Y  pese a la insistencia del gobierno de utilizar la mentira instucionalizada, como una forma de violencia política que intenta modificar la realidad con fines gubernamentales, las muertes de niños comienzan a hacerse evidentes. Esto, aunque algunos se nieguen a reconocerla. Son  muchos los niños que necesitan de medicinas para recuperarse de enfermedades, algunas más leves y otras crónicas y con riesgos altos para su vida. Este último caso queda ilustrado en el nombre de Oliver, que con tan solo 8 años, no pudo sobrevivir a su enfermedad por la incapacidad del Estado de cumplir con sus obligaciones. El gobierno no fue capaz de brindarle su derecho a acceder a medicinas que pudiesen ayudarlo a enfrentar su padecimiento. Hoy, se puede decir, que ese Estado vulneró el derecho a la vida de Oliver, quien como muchos otros no pudo continuar con la lucha contra su enfermedad.

Me atrevo a decir que el día de hoy la enfermedad más grave que padece Venezuela es la insensibilidad del gobierno a enfrentar la agonía de un pueblo hambriento, enfermo y que está en peligro de ser víctima de la violencia urbana en cualquier momento. Venezuela está enferma de muerte. Por eso, iniciativas como la que inició Celiner Ascanio, a través del portal Change.org, tienen tanto sentido. Son destellos de esperanza en medio de tanta oscuridad, dan oportunidad de ejercer  acciones de resistencia ciudadana que permitan hacer algún tipo de presión sobre otras instancias que puedan aportar soluciones a este desastre. 

El enlace es el siguiente:  No más muertes: insistamos en la ayuda humanitaria de medicinas para Venezuela Solo debes poner tu firma, correo electrónico, lugar de residencia y decidir si quieres compartirlo con tus amigos a través de las redes sociales.

Este coro de voces, destinado a solicitar ayuda debe hacerse cada vez más fuerte, más audible. En palabras de Nelson Mandela: 

Muchas personas que conviven con la violencia casi a diario la asumen como consustancial a la condición humana, pero no es así. Es posible prevenirla, así como reorientar por completo las culturas en las que impera. En mi propio país, y en todo el mundo, tenemos magníficos ejemplos de cómo se ha contrarrestado la violencia. Los gobiernos, las comunidades y los individuos pueden cambiar la situación.

jueves, 17 de marzo de 2016

La crisis toca mi puerta

Caracas, 12 de marzo de 2016

Juan A. Marcano C @juanmar92c 
Hospital Universitario de Caracas 
#Huc Mi paciente se murió porque no hay FUROSEMIDA#CrisisHumanitaria



Colita de rana
Si no sanas hoy
Sanarás mañana.

Cuando un hijo enferma el tiempo se detiene para sus padres. Nada importa más que ver al niño sano. Pilas de ropa sucia se acumulan al fondo del lavadero, platos sin lavar, no hay trabajo, no hay escuela. Como de la nada emergen energías titánicas y dejamos de dormir y hasta nos saltamos las comidas. Nada importa. Solo que baje le fiebre, cese el dolor, verlo sonreír de nuevo. Ver a nuestro niño feliz.

La enfermedad nos conecta con la inminencia de la pérdida, nos invita a ejercer nuestro rol de cuidadores en su nivel más extremo. Nuestros chiquitos son vulnerables. Esa energía vital que despiden cada día con sus juegos, sus travesuras y su quehacer diario, nos hace olvidar que son pequeños y que necesitan tanto de nosotros, de nuestros cuidados. Nos hace reconciliarnos con nuestros padres, quienes en momentos de sufrimiento pasaron noches en vela como nosotros, dándonos todo  el afecto y amor que estaba en sus manos , y quizás apelando a fórmulas que aprendieron, a su vez, de nuestros abuelos, de sus familias.

Nuestros temores más profundos quedan expuestos y confundidos en el dolor de nuestros pequeños. El de ellos, el nuestro… Allí es cuando nuestro médico, pediatra, surge como un mago maravilloso que nos tranquiliza, que le pone nombre y tratamiento a la dolencia. Nos dice: Hay camino, tranquilos, solo sigan caminando, esperando.

Hasta hace un año esto fue así, nuestra querida pediatra nos daba una solución y la medicina emergía como la solución que nos acompañaba en el camino de recuperación. Pero ahora es diferente, ya el mago se quedó sin parte de su magia, esas medicinas no se encuentran, ni siquiera las más simples: Acetaminofen, Ibuprofeno… De los más complejos, ni hablar: Amoxicilina, Cefixima, Monohidrato de cefadroxilo... Vacunas, antialérgicos, Budesonida, Salbutamol. Entonces, si  tienes a tu niño con temperatura de 39 grados centígrados, sabes lo que debes hacer. Corres a tu despensa y descubres que la reserva que tenías de acetaminofen se venció hace 6 meses. Sabes que si corres a las farmacias te mirarán con lástima y te dirán que hace meses que no llega. Apelas a los amigos cercanos, pero mientras tanto le tienes que dar el remedio vencido, a riesgo que no sea efectivo, que la temperatura no baje, pero es lo que tienes. Algún alma caritativa decide donar su reserva de medicina, pidiéndote que cuando la tormenta pase, se la puedas reponer. No quiere el dinero, necesita la medicina, ya el dinero no vale de nada. La fiebre persiste, la infección es importante, y solo ruegas que la reserva que tienes pueda aguantar hasta el final de esta jornada.

Solo quien ha pasado por esta hazaña sabe de lo que estoy hablando, logra entender la ANGUSTIA que supone transitar este camino de obstáculos y solo apelar a la buena fe de las personas queridas para sanar a tu pequeño. Y solo estoy describiendo la angustia por una fiebre, alguna infección menor; ni siquiera puedo imaginar el horror que puede pasar una madre o un padre cuando su niño tiene algún tipo de cáncer o enfermedad grave, que requieren de tratamientos sostenidos en el tiempo y muy costosos. Ni siquiera puedo imaginar el sufrimiento de ver a sus hijos agonizar lentamente sin tener alguna respuesta de nadie, en especial del Estado.

Este Estado está incumpliendo con sus funciones de garantizar el derecho a la salud de sus ciudadanos, en especial de los más pequeños. El artículo 41 de la Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (LOPNNA) establece que:

Todos los niños y adolescentes tienen derecho a disfrutar del nivel más alto posible de salud física y mental. Asimismo, tienen derecho a servicios de salud, de carácter gratuito y de la más alta calidad, especialmente para la prevención, tratamiento y rehabilitación de las afecciones a su salud

 Y en su parágrafo Primero establece que:

El Estado debe garantizar a todos los niños y adolescentes acceso universal e igualitario a planes, programas y servicios de prevención, promoción, protección, tratamiento y rehabilitación de la salud. Asimismo, debe asegurarles posibilidades de acceso a servicios médicos y odontológicos periódicos, gratuitos y de la más alta calidad.

Y luego en el segundo establece que:

El Estado debe asegurar a los niños y adolescentes que carezcan de medios económicos el suministro gratuito y oportuno de medicinas, prótesis y otros recursos necesarios para su tratamiento médico o rehabilitación.

Y no solo incumple su función sino que niega la realidad para justificar su maltrato, su negligencia. Ya el mes pasado negaron las medidas preventivas por el desabastecimiento de medicamentos para niños,  demanda que fue introducida por Cecodap  ante el Tribunal Décimo Cuarto de Primera Instancia de Mediación y Sustanciación de Protección de Niño. Apelando al artículo 42 de la LOPNNA donde se establece que los padres también tenemos la responsabilidad de garantizar la salud de los niños.


Así de simple, no importa que usted como papá o mamá se haya paseado por todos los lugares recónditos del país, haya apelado a la buena voluntad de todos sus amigos y familia, haya tocado la puerta de todos los centros de salud posibles. Eso no importa, según este tribunal, el que usted no haya encontrado la solución es SU problema, no del Estado. Y si eso no fuese suficiente, establecen que no hay pruebas suficientes para que ni siquiera se tomen la molestia de investigar el gran número de menores que han fallecido por falta de medicinas y servicios de salud pública adecuados para solucionar su dolencia. Usted, yo, ninguno seremos una evidencia, un dato, si eso no beneficia a la imagen política del Estado. Tan simple y macabro como esto. Su muerte y la mía no importan. Importa la mentira institucionalizado como medio para sostener la revolución, el proyecto: Este GRAN fracaso llamado Chavismo.

Hasta el día de hoy se sigue esperando por una respuesta a la apelación. Oh si, hubo apelación, en Cecodap somos testarudos. Y es que a los derechos no se puede renunciar (Artículo 12, LOPNNA) y por tanto se necesita alzar la voz por aquellos que dentro de su dolor y confusión no logran hacerlo.  





Y quizás esta historia no fuese tan dramática si añadido a la negación de la situación de escasez de medicamentos por parte del Tribunal Décimo Cuarto de Protección del niño, se suma la negativa de los diputados del bloque oficialista (que apoyan al gobierno) de aceptar las donaciones de medicamentos e insumos de la Organización Mundial de la Salud y de particulares en el extranjero. Se negaron hace dos días, cuando se discutió en la Asamblea Nacional, la necesidad de decretar un estado de emergencia humanitaria debido a la crítica situación en la que se encuentra el sistema de salud en Venezuela. Esto, como una medida que permita aceptar ayuda humanitaria de otros países, lo cual permitiría comenzar a acceder, por lo menos, a algunas medicinas que son indispensables para garantizar no solo el estado de salud, sino la vida de muchas personas.


A estas alturas, este tipo de actuaciones por parte de los funcionarios del Estado, además de ser ridículamente proselitistas, son cómplices de un delito. Con sus acciones están avalando el incumplimiento de uno de los deberes máximos del Estado y están haciendo caso omiso a las alertas de emergencia que llegan de la “realidad”, de su “pueblo” , donde hay gente sufriendo, padeciendo cada día por la impotencia de no poder acceder a un derecho básico como la salud. Y que sabe que de no cumplirse este, se pone en peligro el derecho fundamental más importante de todos: La vida.



Mientras tanto seguiremos cantando para aliviar a nuestros pequeños y para acallar nuestros propios temores: 



Sana, sana 
Colita de rana 
Si no sanas hoy
Sanarás mañana. 


Ojala haya un mañana

domingo, 21 de febrero de 2016

Caracas, 22 de febrero de 2016

Da igual si los dragones existen o no cuando tiene 4 años y cada luz que avizoras en las noches, cada sonido fuerte que proviene de la calle te hacen pensar que acecha el peligro de sus llamas. Da igual, porque cuando tienes miedo, los dragones se “escapan de tu cabeza” (así los hayas logrado “atrapar” en ella, por un rato). Y es que da igual, porque cuando ese dragón representa al asesino que irrumpió de manera súbita en el cumpleaños de un amiguito, pues el dragón es ladrón, el rugido son los disparos y las llamas pueden ser el humo que suelta la pólvora. Es que en realidad, cuando tienes 4/5 años vives en un mundo de superhéroes, princesas y otros personajes de fantasía, que no merece ser ensuciado por una realidad cruel, violenta.

Ya ha pasado un mes desde que una ansiada y planificada celebración de 5 años se vio interrumpida súbitamente por un sicariato a plena luz del día. Un lugar público, resguardado, pero no lo suficiente como para aislarnos de la brutal violencia que nos persigue cada día. No hubo piñata, no se soplaron las velas: Hubo un muerto.

No hay manera de explicar algo así a un niño de 5 años. No existen palabras para describir el miedo, la rabia, la indignación de tener que explicarle a tu hijo que su fiesta no pudo terminar porque ocurrió algo terrible (que por fortuna, los niños no lograron percibir o ver  las dimensiones del horror que vivieron) Fuegos artificiales, tuberías rotas… Otros hablaron de un ladrón que le robo la cartera a una señora. Solo dos vieron al muerto. Sin embargo, entre ellos, en colectivo construyeron una narrativa acerca de lo que pasó y lo que más lamentaban era la fiesta truncada de su amiguito. Que no hubo juguetes, caramelos, ni cotillón. 

Y es que en esta Venezuela de hoy se nos acabó la fiesta hace tanto, que ya ni la recordamos. El futuro es una palabra prestada, que se rompió en algún momento y con la que nos peleamos día a día para construir algo bonito en el presente. Este episodio nos rompió a todos algo por dentro, así como a todos aquellos que de alguna u otra manera los confronta esta violencia desenfrenada en algún momento. Pesadillas, juegos traumáticos, relatos repetitivos del evento, ansiedad de separación fueron algunas de las consecuencias que se generaron en nuestros niños. Se activaron angustias de muerte, no querían salir, ni que sus padres salieran: “Esta ciudad es peligrosa mami, yo ya no quiero salir más”

Pero ya pasó un mes y hubo que cerrar la fiesta. Tumbar la piñata, soplar las velitas, finalmente, mostrar que después de un largo proceso de reparación psíquica podemos resignificar la realidad y transformarla en algo posible, en esa palabra tan bonita que se llama esperanza. Vinieron los amigos, jugaron, saltaron, construyeron universos posibles en su imaginación. Entre tanto las familias pudimos acompañarnos conversando, bromeando, viendo a nuestros pequeños ser felices.  Y es que lo único rescatable de este horror son los vínculos, que nos salvan, que nos permiten acobijarnos y ver lugares posibles aunque todo se vea desolado.

Cantamos cumpleaños, soplamos las velitas, todos tranquilos, felices.

La fiesta terminó.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Tarea pendiente

Caracas, 7 de diciembre de 2015

Los procesos sociales son paulatinos, progresivos, son producto de una serie de eventos y subjetividades que coinciden en tiempo y espacio y que de repente cuando menos lo piensas comienzan a verse cristalizados algunos cambios. El momento histórico que vivimos ayer parece ser un ejemplo de esto, después de 16 años parece haber un movimiento hacia una transformación colectiva, que permita romper con un modo de hacer las cosas, un modo de entender al país y sus ciudadanos. Y lejos de pensar que este es el fin de una historia, lo veo como el comienzo de un proceso largo donde debemos asumir la responsabilidad de fiscalizar a nuestros gobernantes, de ejercer la democracia más allá del voto. De pensarnos de forma despolarizada e inclusiva, donde el otro sea parte de la posibilidad del cambio y no mi enemigo.

Y entre esas tareas pendientes está asumir el reto de formar a los futuros ciudadanos: los niños y los adolescentes. La democracia se construye en el día a día, en la relación con el otro y a través de la verbalización, de la explicación de los procesos sociales que subyacen a los fenómenos que experimentan en su cotidianidad. Hay una investigación muy interesante que se hizo en la UCV, por el profesor José María Cadenas, en los años 80, donde se les preguntaba a 81 niños entre 7 y 13 años acerca de conceptos básicos de política. Entre estos conceptos destacaban: Libertad, Venezuela, Gobierno, Estado, democracia, presidente, entre otros. Entre las conclusiones que arroja aporta que la precisión de los conceptos políticos de los niños se profundizan en la medida que tienen mayor edad, en tanto su desarrollo cognitivo es mayor. A su vez propone que estos conceptos se forman a partir de la influencia de la familia y la escuela, que son elementos esenciales del proceso de socialización política del niño.

Partiendo de estos hallazgos tan relevantes para el momento histórico que nos ocupa, considero fundamental que en cada casa, en cada aula de clases se dedique un espacio prudencial para discutir con los niños acerca del proceso sociopolítico que ocurrió ayer. Propongo que nos paseemos por los siguientes puntos:

1)     División de los poderes públicos en una sociedad: Poder ejecutivo, legislativo,ciudadano, electoral y judicial
2)     Funciones que debe cumplir cada uno de esos poderes en un sistema democrático
3)     Personas que conforman cada poder.
4)     La función de los ciudadanos en la elección de los miembros de cada poder
5)     Resaltar la función de regulación que tiene cada órgano sobre el otro.
6)   Rescatar la historia contemporánea de Venezuela y el modo en que el poder legislativo desde un momento determinado estuvo constituido solo por personas que tenían una sola tendencia partidista.
7)     Reflexionar acerca de las causas de ese momento y cómo los ciudadanos fueron  copartícipes de esa situación por acción y omisión.
8)     Reflexionar acerca de las consecuencias de tener un poder legislativo que sólo favorezca al partido de gobierno.
9)     Continuar con la historia de la Asamblea Nacional, hasta la actualidad.
10)  Discutir acerca del rol ciudadano en esta nueva etapa donde se respete y se pueda legislar desde la pluralidad.

Esto parece ser tan solo el comienzo de una larga discusión que podría abrir puertas de intercambio, de diálogo democrático entre escuelas y familias, donde niños y  adolescentes se sientan protagonistas de una sociedad que necesita ser pensada para ser transformada y construida. La formación de ciudadanos responsables pasa por hacer memoria. Por hacer de la historia un devenir donde quienes estamos en la calle seamos sus voceros y dueños. Me uno al sueño del gran Paulo Freire quien en 1965, en su libro Educación como práctica  de la libertad decía:

La educación de las masas se hace algo absolutamente fundamental entre nosotros, educación que, libre de alienación, sea una fuerza para el cambio y para la libertad. La opción, por lo tanto, está entre una "educación" para la "domesticación" alienada y una educación para la libertad.

martes, 24 de noviembre de 2015

Apuesta ciudadana

Caracas, 23 de noviembre de 2015

Caperucita Roja
En épocas de lealtades sigo siendo fiel a mis afectos, que más allá de mis emociones personales, aluden a la relación que establezco con las personas con quienes me relaciono en lo público y en lo privado. Quizás porque desde mi infancia, la pauta primordial que me dieron mis padres para analizar ciertas situaciones conflictivas tenía que ver con el modo en que mis acciones podían afectar al Otro y viceversa, y esto pasaba por preguntarme: Cómo se sentirá la otra persona si yo le hago esto? Qué hizo el Otro para que yo me sintiera de cierto modo? 
  
Admito que es una visión un poco simplificada de la dimensión ética del ser humano, pero cuando se trabaja con niños descubres que mientras más concreto sea tu lenguaje, mientras más apegado a su experiencia esté, habrá una mayor posibilidad de que puedan comprender alguna situación y que, posteriormente, puedan generalizar su comprensión a otras experiencias similares. Lo ético y lo político son dimensiones por las que los niños se pasean a diario, aunque los adultos nos empeñemos en excluirlos de este tipo de discusiones. Cuando un niño debe decidir si denunciar u ocultar alguna agresión a la que está siendo sometido un compañero se debate entre exponerse y proteger a su par o retroceder (hacerse el loco) y quedar como cómplice del agresor a partir del momento en que decidió hacer silencio. 

Los silencios en sí mismos, también cobran una dimensión política. Cuando  el silencio ante actos injustos se convierte en el lugar común de una comunidad para manejar la violencia, la convivencia  se mella, se hace pesada. El con-vivir se  configura en una serie de desconfianzas que solo responden a los intereses de protegerse, de sobrevivir. La invisibilidad es un riesgo que vale la pena asumir.

Cuando los niños descubren que con sus acciones son capaces de transformar el espacio público, que con sus acciones logran transformar las relaciones y vidas de los demás, logran involucrarse más con los lugares donde hacen vida. La paz lejos de ser un resultado, un estado de tranquilidad incólume donde todos vivimos en armonía, es un proceso dinámico que se construye a partir de la capacidad de cada uno de nosotros para resolver de manera asertiva los conflictos. Es decir, que podamos resolver conflictos sin hacer uso de la violencia. 

Uno de los modos de evitar las acciones violentas hacia los otros, de resolver de manera asertiva los conflictos, es partir del significado que tienen las personas para nosotros, nuestros compañeros, nuestros amigos, los seres humanos en general. Hace poco estuve en Barquisimeto en un encuentro bastante productivo con padres, madres y profesores. Hablamos de la promoción de una cultura de paz en la escuela. Dentro de las reflexiones realizadas destaca la de una profesora quien narró una experiencia con un alumno de los últimos años de educación diversificada. Luego de tratar por todas las vías disciplinarias de propiciar un cambio en la conducta disruptiva del joven decidieron aventurarse en una estrategia arriesgada. El joven debía pasar el resto de su año escolar colaborando con una docente de preescolar, su función era estar dentro del aula de clase por un periodo determinado apoyando en control grupal y otras responsabilidades. El joven aceptó con renuencia y asistió a su primer día de trabajo con desagrado y para su sorpresa y el de todos los demás, este joven regresó transformado después de ese primer día de trabajo con los niños. En sus palabras “había encontrado a un niño igual a él y quería ayudarlo a cambiar” Y así lo hizo, pero en su afán de “tutorear” a su pupilo, su conducta también se transformó. A partir de la relación con el niño logró hacer una conexión afectiva con sus profesores, con sus padres; logró comprender la hostilidad con la que muchas veces se relacionaba con ellos y con sus compañeros. A este joven el vínculo le dio una oportunidad para repensar algunas experiencias vitales desde una posición diferente. 

En tiempos donde la polarización política induce a simplificar de manera categórica la realidad, tenemos la meta de construir espacios diversos donde los niños con su maravillosa capacidad para ver y tolerar lo plural, se den la oportunidad de pensar (se) en relación con los Otros. Que al final puedan ser leales a sus afectos, a criterios éticos universales donde el conflicto puede ser un aprendizaje para la vida, para ser mejores personas.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Amarillo

Caracas, 9 de septiembre de 2015


Sin lobo no hay cuento
La posición neutral, “nini”, “del medio” siempre ha sido un enigma para mí. Quizás porque soy de las que piensa que cuando hay situaciones de abuso de poder, ser neutral es una forma de suscribir de forma silente el exceso que se comete. En nuestro país, generalmente se ha empleado el término para señalar a aquellas personas que no se identifican con ninguno de los bandos partidistas que de manera polarizada se han establecido: El oficialismo y la oposición.

En algunas familias que he tenido la oportunidad de atender, este tipo de postura suele ser adoptada por algunos miembros, para proteger los vínculos afectivos del efecto lacerante que genera la polarización. Sin embargo, para los niños y niñas que conozco esta posición les resulta incomprensible y ni siquiera se la plantean. Sin importar la simpatía partidista que profesen, sus opiniones suelen ser claras y coherentes con aquello que piensan. Es posible que esto forme parte de los efectos que causa vivir en un país donde la dicotomía está la orden del día y las categorías partidistas forman parte del modo en que comprenden las relaciones y la elección de sus amistades. Por más lamentable que parezca, esta es una de los dilemas ético-políticos por los que deben atravesar los niños/as que habitan en sociedades donde impera un discurso polarizado, como el que desde hace muchos años padecemos en Venezuela.

Sin embargo, haciendo una revisión de mi experiencia clínica, recordé la experiencia grupal (p.173) que tuve con un grupo de niños de 5to grado de un colegio del oeste de Caracas en el año 2005. En esa experiencia se buscaba estudiar el impacto de las situaciones de polarización política en los niños. A través de una historia extraída de un libro albúm (los niños no quieren la guerra) se les invitaba a formar parte de un juego que estimulaba la adopción de posturas polarizadas. Debían dividirse en dos bandos (rojo o azul) y en función de eso jugar a librar la guerra que proponían los reyes del cuento.  Los grupos se dividieron casi naturalmente: Las niñas se aliaron con la reina roja (yo) y los niños con el rey azúl (mi compañero) Cuando ya casi todo estaba decidido, un niño de manera determinada nos expresó su decisión de pertenecer a otro reino. Todos los presentes nos quedamos un poco desconcertados y exploramos con detalle a qué se refería, y sin muchas vueltas nos dijo: -Yo soy del reino amarillo, sino no juego.

En ese momento, nos pareció fascinante su determinación y divergencia ante la dicotomía y años después la valoro y entiendo más. Gabriel, era un niño con sobrepeso, solitario, de muy pocos amigos, persistentemente era receptor de las burlas de sus compañeros. Quizás por esto, estar solo le resultaba una mejor idea. Pero por otro lado, era un niño agudo, profundamente crítico que continuamente le reflejaba al grupo la “estupidez” de seguir una guerra que habían creado unos gobernantes y que no tenía ningún sentido para ellos. Recuerdo que planteaba que la amistad que ellos tenían, valía más que ese juego y que lo que estábamos proponiendo desde la “autoridad” Su postura crítica hizo tambalear las convicciones de muchos niños, que en su momento le solicitaron formar parte de su reino. Resultó ser un líder carismático, pausado, que ofrecía comodidades y seguridad a sus nuevos seguidores. Esta postura le ofreció un nuevo lugar en su salón, sus compañeros comenzaron a reconocer cualidades que no habían visto. El amarillo surgió como una opción honesta, cuestionando el poder y se erigió como una opción despolarizadora del grupo.

 Hasta el día de hoy esa es la única postura “neutral”  que ha logrado convencerme, que me ha llevado a repensar el rol de los espectadores dentro de las dinámicas de violencia y de la posición que cada quien decide asumir en un momento dado. Su voz fue la de un espectador activo (upstander) que decidió romper con la dinámica de desigualdad de poder propuesta y, de manera respetuosa, introdujo una opción cuestionadora que diera paso a la disidencia.

Lo veo desde la distancia que da el tiempo, en mi memoria. No supe más de él, de ellos.

Ojala que ese amarillo le haga brillar siempre.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Algunas voces no hablan

Caracas, 20 de agosto de 2015

Caperucita Roja
Se llama Lucio y tiene 8 años, formaba parte de un pequeño grupo de niños a quienes tuve el gusto de dar una charla de acoso escolar.  Su familia vive en algún sector cercano a El Valle (sector popular de Caracas) y mostraba un interés inusitado en escuchar y conversar acerca del tema. Cuando pregunté acerca del motivo de mi visita, los niños respondieron que venía a hablarles de la violencia en el colegio, de cómo les pegaban y trataban mal en la escuela; quizás lo que no estaba dentro de mi “libreto” era descubrir que quienes más tenían que contar aquella tarde eran ellos.

No es novedad que los fenómenos psicológicos son experimentados de manera diferente según la historia personal, social y familiar de quien los vive, pero en este caso queda muy claro que, el acoso escolar que padecen los niños y adolescentes que hacen vida en los sectores populares, adquiere peculiaridades muy diferentes  al que padecen aquellos que se encuentran en sectores un poco más protegidos de la violencia urbana. Lucio con su ritmo pausado, me explicaba que en su escuela él no podía defenderse de los agresores, que debía buscar la compañía de adultos para evitar que los insultos no pasaran a golpes, cuchilladas o disparos. “A veces los maestros no saben, pero yo me quedo allí, al lado de ellos, porque a los malos les da más miedo joderme si yo estoy con un maestro”

Mari, de 9 años, contaba que en su escuela se pusieron de acuerdo varias niñas para denunciar, en secreto a otra niña que había llevado una botella partida para matar a otra: “La maestra y la directora le revisaron el bolso y le encontraron la botella. Por lo menos se salvó de esa” Las anécdotas de estos niños evocaron los recuerdos de sus compañeros, acerca de muertes violentas que han padecido o presenciado. Lucio explicó que vio cuando a su tío le dispararon en la cabeza y cayó ensangrentado en la puerta de su casa; los demás decidieron desviar la conversación hacia temas relacionados con atracos, con armas de fuego de los que habían sido víctimas, ellos o sus familiares.

Todos manifestaban miedo por escuchar disparos o “tiros” alrededor de sus casas y expresaban su deseo de “asomarse” a las ventanas para  enterarse de lo que ocurría. Si bien reconocían el riesgo de su deseo y comprendían la prohibición de sus madres o representantes, sentían que su inquietud por conocer la realidad, por satisfacer su “curiosidad”, era mayor que la percepción de riesgo: “Somos niños, nos da curiosidad”

La muerte está de la mano, se la topan en la puerta de su casa y toma el nombre de su tío, su hermano y en casos más dramáticos de sus padres. Conocen y reconocen armas de fuego: Tipos, características, proyectiles; la violencia no es algo que los puede alcanzar: Los alcanzó y hace tiempo.

Y a pesar de eso encuentran refugios que los rescatan de la naturalización de la miseria y encuentran cuestionamientos éticos que los invitan elegir la esperanza y la vida por encima de la muerte. En el cierre de la sesión Lucio expone que la violencia no es la solución, que jamás le gustaría matar a alguien “mi papá es policía y solo quiere estar en oficina. Dice que el día que lo saquen a la calle, él se retira de su trabajo… En la calle tiene que disparar para defenderse, él dice que cuando se mata a alguien todo cambia, hay algo que te destruye la vida”

Una conversación que comenzó con un tema micro, se convirtió en macro. El tema de la violencia urbana o la “inseguridad”, como la llamamos coloquialmente, arropa todas las dimensiones de las vidas de las familias y de las historias personales de los niños y adolescentes que las conforman. Son realidades que ni siquiera vale la pena hacer el esfuerzo de esconder, hablan por sí mismas: Se desbordan y desbordan la psique de nuestros niños.

Bader Sawaia (2002) psicóloga social brasilera, desarrolla un concepto de salud que supone mucho más que la ausencia de enfermedad física y pone de relieve el rol del estado para cubrir las necesidades de los ciudadanos y el compromiso de la colectividad para reducir el sufrimiento. Hay competencias del estado que no pueden ser solucionadas por las personas, sino a través de políticas públicas que son responsabilidad de los gobiernos.

El caso de la inseguridad es elocuente, las repercusiones traumáticas que está dejando en la sociedad son incuantificables y con consecuencias que ya estamos observando. Tal como expresa esta autora en dos principios básicos para considerar la salud desde una perspectiva ético-política (Sawaia, 2002 cp. Montero, 2012) :

1. “Vivir no es solo sobrevivir”, pues las personas al lado del techo y el alimento necesitan la libertad, la felicidad, la creatividad y el disfrute de la belleza. 

2. La transformación social no se reduce a derrocar un tirano. Requiere acciones diferentes, mas dirigidas a combatir las relaciones de servidumbre.

El bienestar psicológico parte de establecer relaciones sanas, proactivas, basadas en la cooperación y en condiciones igualitarias de poder. La violencia es contraria a las premisas necesarias para el desarrollo de niños y adolescentes sanos. Si bien las familias y escuelas son elementos que pueden constituir factores protectores y amortiguadores de los efectos de la violencia, hay un gran monto que es responsabilidad de un sistema macro que ha sido incapaz de ofrecer un ambiente de seguridad (de todo tipo) a sus ciudadanos.

Lucio, Mari y los otros niños son víctimas a su vez de una violencia más grande: La pobreza, que es una forma de exclusión psicosocial. Darles voz es una forma de incluirlos dentro de un discurso generador de memoria y significados colectivos, que suelen estar armados por quienes tienen los altavoces del poder. Ellos con sus voces transformaron el abordaje que he venido haciendo del fenómeno de la violencia escolar, sus voces le han dado forma a nuevas maneras de construir una realidad silente. Silente no por estar oculta, sino por no ser mirada (o por no querer ser vista)


Yo fui a hablar de violencia… Y eso hicieron.